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:: E V E N T S   &   A C T I V I T I E S ::
:: S H O A   2 0 0 8 :: S P E E C H E S ::

NTERVENCIÓN DEL EMBAJADOR DE GRECIA EN ARGENTINA, MICHAEL B. CHRISTIDES AL ACTO DE RECORDACIÓN Y EVOCACIÓN DEL HOLOCAUSTO/SHOA DE LAS COMUNIDADES JUDÍAS DE RODAS, SALÓNICA Y COS.

Deseo expresar mi cálido agradecimiento a los organizadores de este emotivo acto en memoria de mis compatriotas injustamente perdidos, miembros de las comunidades hebraicas de Salónica, Rodas y Kos, por haberme brindado la oportunidad, como representante oficial de Grecia en la amiga Argentina, dirigir ante ustedes estas palabras pocas y humildes.

Con el acto de hoy en honor a los Judíos de Grecia, víctimas del Holocausto de la 2a Guerra Mundial, no sólo rendimos un tributo de honor a las inocentes víctimas y sus familias sino también mantenemos viva la memoria de su trágica historia, para que nunca más permitamos que vuelvan a suceder semejantes barbaries.

Las relaciones entre los Griegos y los Judíos son de las más antiguas relatadas por la Historia. La presencia de Judíos en la región más amplia de Grecia data del siglo 4º antes de Cristo. En especial, la Comunidad Hebraica de Salónica – la segunda ciudad de Grecia y capital de Macedonia – fue una de las más importantes y populosas del mundo, entre los siglos 15 y 17.

Tal como relata en su libro “Triunfo y Tragedia” el viejo Primer Ministro británico, Winston Churchill “No hubo otros pueblos que hayan dejado en el mundo signos tan tangibles como los Griegos y los Judíos. Ambos sobrevivieron a pesar de los interminables peligros y vicisitudes que han soportado /…/ El paso de miles de años no transformó sus características/…/ No hubo otras dos ciudades que hayan tenido mayor importancia para la humanidad como Atenas y Jerusalén”.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en Grecia vivían alrededor de 70.000 Judíos. 13.000 sirvieron en las Fuerzas Armadas Griegas, de los cuales 340 lo hicieron con grado de Oficial. Con su heroísmo y el amor a la Patria contribuyeron para que se escriban algunas de las páginas más gloriosas de la historia moderna de mi país. Al finalizar la guerra y después de la tormenta del nazismo, que también arrasó Grecia, la comunidad contaba con menos de 10.000 miembros. Dicho con otras palabras, el 86% de la población judía desapareció durante ese período, uno de los porcentajes más altos de Europa.

Por otra parte, no podría ser de otra manera, porque Grecia pagó entre todos los países aliados – vencedores, pero también los vencidos, el precio más alto en vidas humanas y daños materiales.

Muchos de los Judíos-Griegos sobrevivientes salvaron su vida gracias al socorro que les brindaron sus compatriotas cristianos. Entre los casos más característicos se encuentran el de Yitzak Persky, padre del actual Presidente de Israel, Shimon Peres, que encontró refugio durante un año en un monasterio de las afueras de Atenas.

Tras la guerra, un número significativo de Judíos emigró de la Grecia destruida principalmente hacia los Estados Unidos e Israel. Hoy, nuestros compatriotas Judíos alcanzan los 5.000.

El acto de hoy me emociona aún más porque hace referencia también a mi ciudad natal, Salónica. Allí nací, allí estudié en el colegio y la universidad, allí abrí por vez primera mis alas, como todos los jóvenes, para abrazar y para comprender el mundo que me rodeaba. Nombres como Molho, Karasso, Alatini, Alvo, Benrubi y otros me eran familiares desde mi infancia: Muchos eran compañeros de colegio, de la universidad, vecinos y amigos. Debía “crecer” para familiarizarme con las dimensiones y las consecuencias del Holocausto contra la Comunidad Hebraica de mi ciudad. Pero, sin embargo, en mi mente jamás pudo entrar la magnitud del dolor y de la destrucción, jamás he podido aceptar la profundidad abismal del odio que el nazismo guardaba contra los hombres.

Desde lo profundo de mi corazón deseo gritarles a aquellos mártires, a mis conciudadanos Judíos, que su sacrificio no será olvidado, no importa cuántos siglos pasen. Que sobre aquel sacrificio edificamos todos nosotros, sin distinción de color, sexo o religión, un muro impenetrable que jamás permitirá el paso de asesinos de inocentes. Es esta nuestra promesa, pero también nuestra obligación hacia todos los amigos Judíos de Salónica, de Rodas y de Kos que tan cruelmente se apagaron en Auschwitz – Birkenau.

Que su memoria sea eterna.

 

 

 

 

 

     
     
© 2008 by Marcelo Benveniste