l 9 de Agosto en el templo Shalom de la calle Olleros , se rindió homenaje a los judíos griegos arrasados por la bestia nazi el 29 de Ab de 1944.
Como conozco el hecho histórico, por referencia del Rabino Michael Molho y a posteriori por el señor Alberto Liamgot, ambos fallecidos, quise hacerme presente en el referido acto.
En el majestuoso templo que conociera mejores tiempos, se hizo un acto respetuoso en recuerdo de aquellas antiguas juderías griegas cuyo origen se remonta a cinco siglos antes de Cristo.
De hecho, el primer tratado comercial entre Judea y Esparta donde ya había judíos, se remonta al año 396 A:C y desde esa época devienen las poblaciones judías en Grecia y las islas aledañas.
Ese mundo greco judío con su vasta cultura, obras literarias, musicales , artísticas, vivió bajo la dominación italiana durante el conflicto sin mayores daños.
Cuando los aliados someten a Italia ,los nazis ,pese a saber perdida la guerra, se apresuraron a invadir las islas para arrear a la masa judía a Auschwitz.
He relatado en numerosos cuentos esos tristes hechos, de todos modos mis relatos no se comparan con el crudo testimonio de mi amigo David Galante, quien sin golpes bajos ,nos hizo conocer su odisea trágica ,en memoria de los judíos de Rodas cuyo imperativo fue .
¡Sobrevive y relata!, el señor Galante cumple estrictamente con el mandato.
El silencio es el amigo de la muerte, fue la expresión de David Galante, aludiendo a que su silencio sería el abandono de sus muertos, por tal motivo recorre el mundo relatando la odisea de sus hermanos de Salónica, Atenas, Cos, Patras y tantos otros sitios en que comunidades judías fueron destruidas al final de la contienda y aún sabiendo de la inminente derrota a manos de los aliados.
Fue tanto el esmero de los nazis en este tema que enviaron barcos especiales para arrear a la muerte a pequeñas comunidades como la de la isla de Cos (un centenar de judíos) en su afán de completar sus horribles cometidos.
Lamento que no se hayan hecho presentes más concurrentes ,los nombres impresos en las paredes nos hablan de todo un mundo que merece ser recordado.
Rescato la presencia de embajadores de distintos países entre ellos el de Grecia, que con emotivas palabras recordó a los judíos griegos asesinados , así como a los griegos no judíos que dieron su vida por ayudarlos, me impactó cuando mencionó tener una hija descendiente de judíos salonicos, lo cual indica que no hay casi judíos supérstites en el lugar.
También estuvieron presentes numerosos representantes de instituciones judías, no comento sobre ellos porque creo que estaban donde debían estar, es su deber y compromiso, no quiero con esto menoscabar su presencia, otros años no los vi y espero su concurrencia tenga continuidad en el tiempo.
Cuando evocamos la Shoáh, en general pensamos en las juderías de centro Europa, poco se supo respecto a los judíos del Adriático y de los puertos Mediterráneos, así como de los otros judíos de las costas africanas a quienes el nazismo no olvidó.
El testimonio del Sr Galante en un pasaje dijo: “pensamos que al terminar la guerra todos nos pedirían perdón en todo el mundo”, no sabíamos que tantos años después , aún deberíamos estar reviviendo lo ocurrido para que el mundo lo sepa, es tan cierto y tan triste esto dicho por quien sufriera en carne propia la muerte de todos los suyos que me dio vergüenza ajena escucharlo.
Que los sobrevivientes tengan que sacar fuerzas de flaqueza para revertir conceptos de asesinos que pretenden negar lo ocurrido, debiera ser motivo de vergüenza para toda la humanidad..
Cuando el rabino Ernesto schattah recitó el kadish por los asesinados , todos estuvimos con lágrimas de dolor en nuestros ojos, fue en ese momento que me acerqué a el para recordarle el clamor desesperado de los judíos griegos desde los trenes que en largas travesías los llevaban a la muerte, el grito era.,” Aiuda, hermano, Aiuda”,resonando en la campiña durante días y noches. A la luz de lo que está ocurriendo hoy, tal vez debiéramos también clamar:”ayuda hermano, ayuda”, pues los trenes de la indiferencia pretenden conducirnos nuevamente al exterminio
Cuando los pocos sobrevivientes de las comunidades arrasadas se acercaron a encender una vela por los suyos (y nuestros), tenían en sus pupilas los rostros de todos aquellos que no pudieron gozar de la vida, estaban con ellos y en ese momento nosotros estuvimos también junto a ellos, con nuestros silencios y nuestras lágrimas.
Ya no habrá judíos en Salónica o Rodas que puedan recordarlos, nuestro deber moral es hacerlo ,donde quiera que estemos, más allá de ser descendientes de ellos o no.
Eran nuestros hermanos y se los asesinó por ser judíos, eso es motivo suficiente para no olvidarlos.
Isaías Leo Kremer
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